viernes, 24 de diciembre de 2010

Si acaso te encuentro, te salvo

(Puede contener spoilers)

La revolución de Buried proviene de su apartado técnico. Que es la primera película cuya acción transcurre íntegramente en el interior de un cajón de menos de dos metros de alto por medio de ancho. Que la loable tarea del realizador Rodrigo Cortés supone una apertura hacia nuevas metas y modos. Y todos los comentarios generados, o la mayor parte de ellos, están destinados a sustentar (o desmontar) la fuerza de esta premisa, a admirar el ritmo constante, in crescendo; la lograda sensación de angustia y opresión; la sorprendente y portentosa actuación del musculado Ryan Reynolds.

Pero poco he leído acerca de lo válido y visceral del libreto, obra de Chris Sparling, que desde luego no es revolucionario en lo que a contenido político y de denuncia se refiere (sobre todo en un terreno tan pisado como es el contexto de Irak), pero que es el verdadero sustento de la película y único medio para hacer que todo lo anterior funcione.

La fuerza de Buried radica en la empatía creada en torno al protagonista. El espectador se pone en la piel de Paul Conroy con una facilidad inusitada, y al igual que él, se siente indefenso, impotente, a merced de las personas equivocadas. La confusión, la sospecha ante cualquier fuente de información, el estado de paranoia, son fases por las que la mayor parte de nosotros pasamos sin la necesidad de entrar en la caja de madera que atrapa al protagonista.

La capacidad para provocar reacción ante las injusticias ha ido desapareciendo a medida que nuestra resignación y convencimiento de incapacidad se ha ido implantando a través de bombardeo dañino y malintencionado. Ante esto, la propuesta de Sparling es tremendamente efectiva, pues el final es tan destructivo como la realidad misma, y perder de esa forma a la persona con la que hemos conectado íntimamente (último contacto con una esposa compasiva y desesperada, nada que legarle al hijo ausente en un triste intento de testamento, últimas palabras con una madre enferma que no te reconoce ni puede), es demasiado difícil de aceptar. Pues Paul Conroy es uno más. Engañado, manipulado, abandonado. Sólo uno más. Sacrificable.

La revolución de Buried, como hemos dicho, es técnica, pero el trasfondo político es novedoso por radicalizado y necesitado. Porque pone al espectador en verdadera posición de jaque, en estado de alerta ante el abuso indiscriminado, ante el exacerbado poder, cuya última preocupación es velar por el bienestar de cualquiera de nosotros.

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